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El rol, una pasión que nunca se apaga

17 de abril de 2026

El rol, una pasión que nunca se apaga

Y Ajetreo como refugio para jugadores de todas las generaciones

No soy muy ducho con las palabras y, aunque la excelsa prosa o la originalidad no abunden en estos trazos, lo que sí encontraréis en ellos es sinceridad. Una sinceridad que nace del corazón, de la felicidad profunda y del gozo que sigo sintiendo cada vez que me siento a jugar a rol, sin importar cuántos años hayan pasado desde aquella primera ficha de personaje que rellené con fascinación temblorosa y sin miedo al abismo que se abría ante mí.

Cuando eres joven, te crees inmortal, tu energía es inagotable, las responsabilidades aún no pesan y el tiempo parece detenerse. Descubres el rol casi por casualidad, a través del amigo de un amigo, y te sumerges en esos pocos sistemas que entonces estaban a tu alcance. Compartes manuales, los compras (si puedes, los fotocopias si no); los lees, los relees, los desgastas de tanto vivirlos. Creas mundos propios, exploras otros ajenos, y, de pronto, los libros que antes devorabas —historias de aventuras, de héroes y de viajes imposibles— adquieren un nuevo significado, como si siempre hubieran estado impregnados de rol. Y, sobre todo, forjas lazos con tus compañeros de mesa que parecen indestructibles.

Pero el tiempo avanza. Llegan las responsabilidades, los compromisos inevitables, los caminos que te alejan de tu ciudad o de tu gente. Surgen nuevas prioridades, y reunirse se vuelve cada vez más complicado. La pasión permanece intacta, sí, pero el tiempo escasea. Buscas alternativas online, partidas a distancia, dados virtuales (discord, roll20, dadiños, etc..) … y, así, compartiendo partida con personas de medio mundo, gracias al idioma que nació en este bendita tierra, la llama del rol sigue viva, ardiendo con una intensidad renovada.

Sin embargo, siendo honesto conmigo mismo, no hay nada comparable al rol tradicional. Mirar a tus compañeros a los ojos, sentir el peso de los dados en la mano, el roce del lápiz sobre el papel, desplegar mapas, mover figuras… compartir risas, silencios, tensión, complicidad. Para quienes llevamos años en esto, y por distintas razones hemos visto disolverse nuestros grupos de siempre, volver a sentarse en una mesa con nuevos compañeros y un nuevo director de juego tiene algo de milagro. Es un dulce veneno llamado nostalgia: nos devuelve la vitalidad, nos transporta a otro tiempo, a una versión más joven de nosotros mismos… cuando todo parecía posible y, en mi caso, todavía nos peinábamos hacia atrás sin pudor ni drama. 

Y ahí siento que está el verdadero valor de las Jornadas de Rol que se organizan desde Ajetreo. Atraer a nuevas generaciones, abrir la puerta a quienes aún no conocen este maravilloso mundo, aparte de colmar las pasiones y satisfacer la añoranza de jugadores veteranos como yo. Porque, con una sinceridad quizá un poco egoísta, confieso que mientras siga sintiendo esta ilusión —mientras siga sorprendiéndome, disfrutando y aprendiendo como el primer día— seguiré acudiendo siempre que pueda. Como jugador… y quién sabe, tal vez algún día también como máster, si recupero la soltura y el tiempo necesario (Canción de Hielo y Fuego, Pathfinder, Lex Arcana, Valhalla, …. BirthRight).

Sí, hasta ese punto considero importantes las Jornadas de Rol de Ajetreo. Por eso mismo, nunca será suficiente el agradecimiento por todo el esfuerzo que realizáis. Por cada hora de vuestro tiempo personal que entregáis para que otros podamos vivir algo tan especial.

¡Que los dados sigan rodando en nuestras mesas!

Javier – Virkian

Tags :
Ajetreo,Camarilla,Jornadas,Rol

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2 respuestas

  1. Amén a cada palabra. Palabras enormes. Bien escogidas. Da gusto leerlo para no ser “ducho” en juntar letras.
    Enhorabuena maese por decir lo que muchos viejunos sentimos aun.

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