Blog

Estereo-atípicamente

28 de abril de 2025

Estereo-atípicamente

Perdonadme de antemano si me pongo demasiado “cultureta”, pero quisiera comenzar este artículo recurriendo a la definición que la RAE proporciona para el concepto de estereotipo: “imágenes o ideas aceptadas comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”.

Desde el campo de la psicología, esta definición se desarrolla algo más, entendiendo que un estereotipo es una generalización exagerada de lo que pudiera ser, o de lo que se cree que es, una persona o grupo de personas, debido a sus características, comportamientos, habilidades y/o cualidades.

En definitiva, los estereotipos son los que hacen que, para casi cualquier persona de casi cualquier país del mundo, quienes vivimos en España tengamos gracia y chispa, cantemos y bailemos flamenco perfectamente, y vayamos con la guitarra, la montera y la bata de cola a todos lados.

No seríamos ecuánimes si no miráramos nuestro propio ombligo y admitiéramos que, de toda la vida, los vascos son enormes levantadores de piedra, que las personas de Cataluña no saben lo que es gastar dinero y que allá en Andalucía no quieren más que dormir la siesta (y que encima les paguen por ello). Tópicos y estereotipos que están en la mente de cualquiera, pero bastante alejados de la realidad. Veis por donde voy, ¿verdad?

Puede que tú, leyendo ahora este artículo, estés pensando: “Pero ¿y a qué viene toda esta serie de tópicos rancios?” Ya centro el tema…

No son pocos los estereotipos que durante mucho tiempo han marcado el mundo del rol y a quienes han formado y formamos parte de él, ya haya sido jugando, dirigiendo o creando. Marcados por la impronta cultural que nos planteaba el cine, el jugador de rol (y digo jugador porque rara vez era una chica) era poco menos que  un inadaptado social, tímido, retraído, que volcaba en esos mundos de fantasía las frustraciones que, a diario, le generaba la cruda realidad. Y esto hablando de adolescentes, porque si era un adulto el que se interesaba por el rol, este era presentado como un perfil oscuro e incluso peligroso. En definitiva, jugar a juegos de rol se asociaba a algo sectario y al margen de la sociedad normativa.

¡Nada más lejos de la realidad! Las mujeres y hombres que semana tras semana nos juntamos para jugar a rol, no buscamos más que una sana diversión, al igual que otras personas la pueden encontrar en jugar al pádel o hacerse maratones de series (cosa que, por cierto, también hacemos). Nos reunimos alrededor de una mesa y tiramos dados para evadirnos por un rato de la prisa semanal, pero sin dejarla de lado. Porque también es un momento de unión. Nos contamos nuestros problemas, nuestros logros, nuestras vivencias del día a día. Celebramos y compartimos proyectos, bodas, trabajos conseguidos, incertidumbre, retos superados, nacimientos de hijos e hijas. Más allá de la mesa, y a la luz de un café o una cerveza, reímos, pensamos, compartimos, ¡vivimos! En definitiva, nos nutrimos mutuamente para, luego, volver a nuestro día a día. Volver a nuestra fábrica, nuestro despacho, nuestro hospital, nuestra aula, nuestra tienda, nuestra maternidad y paternidad…nuestra vida como un miembro más de esta sociedad.

Esa inmutabilidad de los estereotipos de la que hablábamos está para romperla. Como la rompemos día a día, demostrando que somos mucho más que flamenco, toros y paella, que un vasco puede llegar a ser primer bailarín en la Compañía Nacional de Danza,  que Cataluña es la comunidad con más donaciones para fines sociales o que una andaluza llegue a ser vicepresidenta de la mayor empresa de compras online. 

Los jugadores y jugadoras de rol también queremos romper con esos estigmas. Somos, ni más ni menos, personas que disfrutan de su afición a la vez que forman parte de esta sociedad en la que vivimos. 

¡Somos estéreo-atípicos y estero-atípicas!

Tags :
Camarilla,Opinión,Rol

Compartir

Un comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *