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Experiencia de novatilla como jugadora de rol

3 de marzo de 2025

Experiencia de novatilla como jugadora de rol

Si nunca has jugado a rol, bienvenida.

Suficiente para empezar es la curiosidad que te ha traído hasta aquí.

Créeme, he estado al otro lado. De hecho, no hace demasiado. Y te entiendo.

Soy consciente del incompleto y equívoco imaginario del que se alimentan tus percepciones sobre este mundillo. De que vienes con reticencias, puede que con cierta vergüenza y dudas y de que, incluso, se te antoja como un territorio a evitar.

Dónde vas, a tu edad, a jugar a ser un elfo.

“La llamada de Cthu…” Pero, ¡si no sé ni pronunciarlo!

Piensas que esto es solo para entendidos. O para los mal llamados “frikis”. Tú, que no sabes distinguir la espada de Zelda de la de The Witcher.

Pero piérdele el miedo, atrévete.

Porque no sabes lo equivocada que estás…Y lo que te estás perdiendo.

Y es que, detrás de todas esas etiquetas que tanto nos gusta poner y que tanto nos limitan, se esconde una experiencia que podría describir como inigualable.

Ya… Piensas que estoy creando expectación y drama. Y un poco sí. Pero nada de lo que escribo deja por ello de ser cierto. Porque, ante todo, jugar a rol es eso: una experiencia. Una manera de explorar, de indagar, de descubrir, de dialogar, de evolucionar, de divertir.

De imaginar.

De sentir.

Esta es mi historia como jugadora novatilla de rol. Por si te pudiera servir para, ojalá, algún día, empezar a escribir la tuya.

Las primeras aventuras

De los mejores recuerdos que tengo de la época del instituto son los fines de semana que pasábamos en casa de un amigo viciados a Vampiro – La Mascarada. Poca idea teníamos entonces, e íbamos aprendiendo muy sobre la marcha. Es bastante probable el DJ adaptara demasiadas reglas. Que nos diéramos alguna licencia de más. Eso sí, nos lo pasábamos…

Por motivos varios, el grupete que conformábamos se disolvió y el rol, para mí, quedó en eso. Un recuerdo.

Hasta hace poco más de un año.

La suerte, la casualidad, o una buena tirada del destino hicieron que, caminando por nuestra ciudad, me topara con un cartel que anunciaba las I Jornadas de Rol de una asociación para mí entonces desconocida: Ajetreo.

Y, venciendo las sensaciones de las que hablábamos al inicio, me apunté una tarde a una partida. De Aquelarre.

Un apunte al lector: luego me enteré de que a eso se le llamaba “one-shot”, y de que Aquelarre es el máximo exponente del rol español. Poco a poco.

Cuando me enviaron el trasfondo de la aventura, mi corazón dio un saltito. Para atrás. Porque, ¿qué sabía yo de historia medieval? Nada. Bueno, lo del cole, con más lagunas que certezas, y lo que hubiera podido rasgar mi memoria de alguna novela leída hace tiempo.

Pero pensé, “tira”. Y quedaos con eso…Porque no imaginé que ese imperativo se convertiría en una máxima poco después.

Así que ahí estaba yo, un 9 de marzo de 2024, siendo un caballero de la baja nobleza en busca de respuestas, dejándome sorprender, cautivar por la historia, el sistema, la narración. Y sintiendo cómo algo que llevaba tiempo dormido empezaba a desperezarse…

¿Tuve que, procurando que fuera de forma disimulada, mirar los dados de soslayo varias veces para distinguir cuál era cuál? Sí.

¿Salí de allí feliz? También. Y con ganas de más.

Aprendí que no hace falta nada, aunque todo suma. Que lo más importante es tener ganas.

Interpreta, permítete esa libertad y, sobre todo, disfruta.

Bendito fue aquel “tira”. Desde entonces, he “tirado” mucho. He tirado como profesora en medio del fin del mundo, como psicóloga, como policía y como escritor especializado en ciencias ocultas. He sido un sacerdote vaticano, una inquieta niña de 9 años, bruja, contrabandista espacial y la novia de Barbazul.

Próximamente, me espera una aventura en la Niebla y un pequeño gnomo al que ya le he cogido cierto cariño. Con set de dados propio y sabiendo distinguir el d8 del d10 de forma casi inmediata.

Casi.

Los verdaderos protagonistas

Y, hasta aquí, mis primeros pasos en este periplo. Y seguimos.

Ahora bien, siempre he creído que los grandes viajes se disfrutan más cuando son compartidos. Que las grandes historias no se escriben en solitario y que, de forma conjunta, las dotamos de sentido. Y esta no es la excepción.

A lo largo de estos meses, he ido descubriendo la magia que hay detrás de todo esto. En cada partida, en cada historia, en cada aventura. Que los verdaderos protagonistas no son los personajes que se interpretan, las tiradas de dados ni los desafíos a los que nos enfrentamos.

Los verdaderos protagonistas tienen nombre propio. Y son quienes lo hacen posible.

Así que estas últimas líneas son suyas. Vuestras. Y, de corazón, gracias.

Por vuestra dedicación, creatividad y pasión. Por los momentos compartidos, la emoción y las risas.

Ajetreo son esas personas. El alma que da vida a todo esto.

¿Un deseo?

Que el frasquito de recuerdos roleros continúe llenándose.

Dentro y fuera de las mesas.

Tags :
Camarilla,Experiencia,Opinión,Rol

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3 respuestas

  1. Este artículo te mueve algo por dentro, ¿eh? Al final el rol es eso, lanzarse, saber que estás en un espacio seguro como es Ajetreo y disfrutar de la aventura que se crea en la mesa.

  2. Si en algo pudimos ser buenos fue en intentar ser buenos compañeros de mesa y dados.
    Hemos ganado una buena socia y mejor persona… y eso empezando con un juego de demonios.

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